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TEMA: Muerte en la arena

Muerte en la arena 14 Oct 2009 18:41 #36624

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Llevaban casi cuatro semanas embarcados. Cuatro semanas sin tocar tierra. Las provisiones hacía mucho que se racionaban, el escorbuto había hecho una aparición fulgurante tiempo atrás, apenas quedaba agua potable y el agotamiento de los soldados era notorio. Sin embargo, a nadie se le ocurría protestar, ningún rumor ni respuesta malsonante se había oído en la interminable travesía. El terror que sentía la tropa por su rey superaba con creces cualquier padecimiento por extremo que fuese. Y es que a le Roi Louis se le veía diariamente en pie, incansable, en el castillete de popa de la Cristopher de la Tour. Bastaba su sola presencia para que hasta los más curtidos veteranos sintieran un escalofrío recordando los escarmientos que en el pasado había sufrido algún recluta díscolo, pues nada sucedía a bordo de la flota sin que el monarca estuviera enterado. Todos los entresijos de la ruta, le eran expuestos detalladamente, cualquier desajuste logístico le era transmitido puntualmente. Francia había decidido emprender la misión más audaz de su historia y Louis era consciente de que si quería que llegase a buen fin, tendría que ser él mismo en persona quien la gestionase con mano de hierro.

Después de un periodo interminable de jornadas en alta mar, de tormentas inclementes o de días a un pairo desolador, al joven vigía le pareció ver en la oscuridad de la noche lo que parecía un enjambre de luciérnagas en la distancia. Casi se rompe el cuello mientras se precipitaba mástil abajo para dar la nueva a su superior, que tras otear con el catalejo largo rato, pronto convocó una reunión de urgencia con todos los generales, presidida por el mismísimo Louis. Los inescrutables designios del destino habían dispuesto que el lugar ideado hacía meses para desembarcar por fin a toda la soldadesca estuviera completamente ocupado por un impresionante ejército que, desconocedor de la llegada francesa, descansaba acampado a lo largo de una inmensa playa. En una ensenada cercana, varias naves fondeadas se mecían suavemente arrulladas por un leve oleaje.

Este regalo de la providencia habría que aprovecharlo le Roi que no tardó en autorizar el ataque, de manera que en unos veinte minutos su ejército se hallaba equipado y preparado en las barcazas para desembarcar. Los hombres tenían los músculos entumecidos por la humedad, el frío y tanto tiempo inactivos, sentían cómo el cansancio les dificultaba cada movimiento, pero tantos meses encerrados en las bodegas les había convertido en fieras salvajes ansiosas por escapar de sus jaulas y desatar todo el odio que llevaban alimentando durante todo este tiempo. Centenares de brazos comenzaron a bogar con ímpetu, a una velocidad frenética, pero asombraba ver cómo no ocasionaban una salpicadura de más, no se oía apenas un murmullo por encima de las olas. Le roi, aunque tiránico en sus formas, sabía que la complejidad de la operación requería una preparación militar especial de la que él carecía, y delegó en su Grand Marechal, que tras analizar detenidamente la situación, esbozó una táctica que consiguió iluminar la pétrea faz del monarca.

Al llegar a la playa, todos los efectivos desembarcaron en un extremo alejado de la misma, procurando hacer el menor ruido posible. Las altas horas de la madrugada y lo inesperado de la presencia francesa ayudaban a relajar la vigilancia de los centinelas. Los lanceros franceses cavaron fácilmente una zanja y tras ella crearon un muro de picas impenetrable, a continuación se apostaron varios regimientos de arqueros y ballesteros. La emoción era tan fuerte que les impedía saborear el placer de volver a pisar tierra firme, pues tanto habían pasado navegando que aún sentían balancearse sus cuerpos. En escasos minutos, todo el ejército francés estaba atrincherado y expectante: espadas desenvainadas, saetas encordadas, lanzas en ristre.

La flota francesa entonces se acercó imprudentemente hacia el extremo opuesto de la playa. Cualquier vigía ojo avizor hubiera adivinado unas masas oscuras deslizándose lentamente contra el negro horizonte. A bordo, apenas unos pocos marineros, le Roi y su imponente guardia personal. Cuando la proximidad de los barcos amenazaba seriamente de encallar en el fondo arenoso, Louis agitó su brazo y medio centenar de jinetes saltaron por la borda montando sus caballos. Las mallas y corazas que guarecían sus pechos les hubieran llevado directamente al fondo de no ser por el brío mostrado por sus monturas para llegar a la orilla. Fue entonces cuando este reducido grupo de guerreros de élite arrancaron a proferir alaridos mientras cabalgaban sobre las tiendas de campaña, golpeando con sus espadas como enajenados en una orgía de violencia y sangre. Muchas víctimas de este ataque despertaron súbitamente con el crujido del cráneo de su compañero de carpa, roto por un golpe seco de maza que salpicaba de sesos todo en rededor. El pánico se desbocó en el campamento que despertaba en medio de una pesadilla que no alcanzaba a comprender, y medio desnudos los soldados del ejército acampado comenzaron a huir del ataque, corriendo a través de la playa en dirección opuesta. Exactamente lo que el Grand Marechal había previsto. Su triste destino les llevó a caer ensartados en la zanja excavada minutos antes, o barridos por la lluvia de flechas que se desató a continuación. La confusión era enorme. Quien se atrevía a mirar a Louis, mientras éste decapitaba uno tras otro a todo soldado que encontraba huyendo por la arena, se presignaba aterrorizado seguidamente pues no parecía sino el rostro del demonio mismo embriagado por un éxtasis insondable.

En apenas dos hora la playa estuvo cubierta de cadáveres y soldados heridos. En ese momento las tropas francesas salieron de su posición defensiva y comenzaron a avanzar hacia el campamento, para finalizar la faena que la guardia personal del rey francés no había rematado. Pero las tropas enemigas eran muy numerosas, y a pesar de toda la algarabía habían logrado reagruparse varios destacamentos en la ensenada donde permanecían sus barcos fondeados. El intenso terror que sentían y la inutilidad que veían en presentar combate les condujo a subir apresuradamente a bordo de las naves para salvar sus vidas. Cuando prácticamente todos los supervivientes hubieron logrado subir y guarecerse en las bodegas, le Roi ordenó agitar dos antorchas en círculo.

Entonces, un trueno de bombardas retumbó desde los barcos franceses, y su eco se extendió a lo lejos por toda la costa. En unos instantes toda la flota enemiga se fue a pique. No quedó superviviente alguno.

Re: Muerte en la arena 14 Oct 2009 19:29 #36626

Buena crónica!

¿Quien es el enemigo?

Re: Muerte en la arena 14 Oct 2009 23:34 #36636

Gracias! Es una sorpresa :crtina:

Re: Muerte en la arena 14 Oct 2009 23:54 #36638

  • Airamand
  • DESCONECTADO
  • Samurai Nodachi
  • Temas: 283
muy buena.

Menos mal, he comprobado que yo no soy el enemigo. :|

Re: Muerte en la arena 15 Oct 2009 19:06 #36651

Se permiten apuestas? Hacemos una porra?

Yo digo que la facción enemiga o empieza por E

o empieza por...

B. :|

Que sera, sera...

Re: Muerte en la arena 16 Oct 2009 18:46 #36695

  • Airamand
  • DESCONECTADO
  • Samurai Nodachi
  • Temas: 283
Yo creo, que si no ha puesto con quien fue, es para que todos disfrutemos de la prosa, independientemente de las facciones en lid.

Personalmente prefiero este tipo de roleo, donde cada uno interpreta la partida segun su particular vivencia, que el roleo barriobajero que se estan dando en las embajadas, donde se aprovecha una rivalidad ocasional para que los "reyes" descarguen sus ira y ansiedad particular, con insultos que rayan en la ofensa, muy lejos de parecer un dialogo entre amigos que se pican.

Re: Muerte en la arena 16 Oct 2009 19:42 #36698

Airamand escribió:

Personalmente prefiero este tipo de roleo


Yo también lo prefiero. Pero un poquillo de apuesta tambien da emoción no?

Re: Muerte en la arena 16 Oct 2009 22:10 #36715

  • Airamand
  • DESCONECTADO
  • Samurai Nodachi
  • Temas: 283
CeltíberoMencey escribió:
.... mientras os embarcáis y vuestras flotas se alejan lo más posible DE VUESTRA TIERRA, en dirección a Escandinavia.


"E" de Escocia :rda:

Re: Muerte en la arena 18 Oct 2009 21:08 #36756

Gané.

Era evidente.

Toda una demostración de estilo de juego.
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